Buscando a Rachael 
Ana Laura Aláez

Una de las cosas que más me preocupan es la sensación de no tener memoria. La sensación de tener la memoria de otros y no la propia, mi memoria. La memoria tiene que ver con recordar. Las personas se obsesionan con preservar intactas ciertas experiencias del pasado: a mayor experiencia... ¿mayor memoria? 

Siempre se reflexiona mediante los recuerdos, bien para tenerlos en cuenta, bien para olvidarlos. Es más, los sucesos de la vida diaria se intentan retener, en muchas ocasiones, con tremendas disciplinas. No me imagino cuál es el tipo de fragmentos necesarios para dar con un dato memorizado. Me pregunto si las emociones son necesarias para lubricar nuestro cerebro. 

Quizás mi necesidad de crear imágenes es debida a esa sensación ¿de culpabilidad? por no tener memoria o la memoria suficiente. Carezco de sentido de referencias lineales. Pienso en Rachael, la más avanzada modelo replicante de "Blade Runner". Es uno de los personajes -para mí reales- con los que me siento absolutamente identificada. Cada fotografía le habla de un supuesto pasado; prueba que ha existido con otras edades, su autenticidad está reflejada en una superficie acotada. 

Harrison Ford -Deckard en la película-, escucha atentamente la descripción de los Nexus-6, familia de androides a los que pertenece Rachael: 

"Humanos en todo, pero carecen de emociones. Aunque los diseñadores creen que eventualmente pueden desarrollar emociones: odio, amor, miedo, envidia". 

Los replicantes son más que un mero robot, constituyen la piel de la cultura cibernética. Nos aliamos progresivamente con el mundo de alta tecnología: un ordenador procura facilidad de memoria y constituye nuevas ideologías. Nos ahorramos la aspereza de los primeros contactos: navegamos por ciudades imaginarias. 

Aliarse con máquinas que desbaratan roles en el comportamiento humano es muy atractivo: ¿acaso las relaciones humanas no son un desastre? Repetimos una y otra vez acciones para dar con un sentido, pero los hombres y las mujeres estamos olvidando continuamente lo que hemos aprendido. He leído acerca de cómo la inteligencia artificial nos demuestra que sólo existe una superficie. Quizá por ello, la pérdida de memoria signifique la pérdida de uno mismo. Aparece un lado oscuro cuando no hay respuestas. 

Preguntas y respuestas programadas son las que habitan en todos nosotros, apenas unos detalles imperceptibles nos diferencian. De ahí que se nos exija ser únicos. Expresar las emociones es algo difícil. Se espera de los artistas una condición de exclusividad, o lo que es lo mismo, una visión original y personal ante todo. Lo único... ¿es lo verdadero? Regla número uno: no copies, haz una estupidez, pero que sea tuya. 

No podría suponer vivir sin los mediadores, aquellos que incitan a ver las cosas de otra manera y que están en contra del tedio y del aburrimiento. Rachael es una mediadora, lucha contra su pasado porque está inscrito en unos módulos que no le sirven de nada. No hay pasado sin sentimiento, pero ¿qué es el sentimiento? Ella es un producto de lujo. Sentirse deseada no la conmueve, no le interesa ser un espectáculo de placer, prefiere ser un ente móvil, intrépido y vacilante. Se proyecta a sí misma como una aparente persona dentro de una aparente máquina. Es un artefacto provocativo: desea aparentar lo que no es y lo hace muy bien. Al menos, sabe lo que no quiere.