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R.G.
La escultura temporal de Rodney Graham sobre el ejercicio de Czerny titulado
La Escuela de Velocidad es una anamórfosis musical.
Al igual que una pintura anamórfica es deformada mediante
el estiramiento a lo largo del plano de la imagen, la pieza
de Czerny es dilatada a lo largo del eje de la duración,
que habrá de ser visto por el visitante de la galería
como plano mismo de la experiencia musical. Y al igual que el
espectador de una pintura anamórfica, el visitante de
la galería entiende la totalidad de la pieza de Czerny(1)
como una especie de "mancha" progresiva. Por supuesto que no
puede ver en realidad la pieza entera de una vez, sino
sólo un diagrama -la partitura escrita-, de manera que
la obra no es una anamórfosis perfecta: las notas no
están dilatadas, sino sólo los espacios entre
ellas. Es una secuencia de silencios expandidos, "manchados",
enturbiados.
¿Cómo puede enturbiarse una pieza musical? En este caso
no es ella -son los espacios, los intervalos rítmicos que aportan
vida plástica y orgánica a la música los que están
enturbiados por la expansión. El virtuoso pianista Cecil Taylor,
cuya técnica le debe mucho a la danza moderna, lo denomina "el ritmo
a través del cual danzan el tiempo y el espacio". La música
del Czerny es imbailable, pero la espacialización de sus
intervalos permite siempre que hasta el fragmento más amplio del
propio tiempo vital del oyente entre en la música. La música
y la vida se interpenetran, en tanto los sonidos vitales y los movimientos
son interpolados en la partitura, que bosteza ampliamente para aceptarlos;
en la dirección opuesta, la música misma se autodisuelve.
Se convierte en una apertura progresiva de puntos hacia un intervalo futuro
no limitado por ninguna puntuación musical, y por consiguiente hacia
una danza liberada de la compulsión del ritmo. Mientras tanto, van
intercalándose notas errantes que centellean en las ondas de la
tarde, destellos que nos alcanzan desde el brillante costado de un coche
que pasa, flashes arrojados por la lente del espectáculo en el rabillo
del ojo, sonidos apagados al final de un gris y mustio corredor -llegándonos
desde un lejano apartamento donde una compositora se sienta dulcemente
al piano mirando a su chico, que se reclina sobre el instrumento hacia
ella. Y este tiempo vital del mundo es "turbio".
*
Como una anamórfosis pictórica, la pieza de Czerny
tal y como es modelada por Graham tiene dos posiciones visuales. La primera,
la posición normal, es la frontal; desde aquí el espectador
percibe la imagen "turbia" como la propia obra. Desde otro punto, desde
el lateral en ángulo agudo, él o ella ve el objeto copiado
libre de los enérgicos esfuerzos matemáticos del artista.
Existe una posición de visión/escucha específica desde
la cual los lazos aparecen cerrados en el tejido musical, y este punto
puede ser localizado. Es necesariamente un punto en movimiento, de hecho
en aceleración. El ángulo de la recepción anamórfica
puede ser descrito como una particular interpretación en materia
artística, pero no puede mostrarse adecuadamente en un diagrama,
en tanto es un ángulo en el tiempo. Por ejemplo, el ángulo
de visión de una anamórfosis pictórica puede dibujarse
de este modo, donde d es la distancia desde el plano de la imagen:
En la anamórfosis musical, el ángulo x debe disminuir
en una proporción creciente, mientras simultáneamente el
punto de recepción se acelera a lo largo del eje de la obra. Esta
reducción acelerada del ángulo de recepción
puede ser expresada por una parábola, la misma curva seguida por
el punto de recepción en su movimiento.
x = ángulo de la recepción anamórfica.
y = eje de la obra
Esta curva también representa la trayectoria de la emoción
musical tal y como desciende a través de la historia, desde la arquitectura
orgánica de Bach hasta la música de ascensor del futuro.
x = eje de invención
y = eje de extensión.
*
La pieza de Graham imita diagramáticamente la extensión
y ampliación de las posibilidades musicales que tienen lugar con
el desarrollo del cromatismo romántico. Al ir sonando, cada nota
"liberada" va formando nuevas configuraciones armónicas con el fluir
continuo de los sonidos que vienen tanto de la galería como del
exterior. Y entonces la polifonía se vuelve cacofonía, se
transforma en la "música dadaísta de la vida cotidiana",
iniciada por los futuristas, orquesta por Varese, desorquestada por Stockhausen,
y ahora "envuelta" por Czerny -en tanto el tejido de su música
se trenza precisamente de huecos.
La trayectoria del punto de recepción puede ser cartografiada
con precisión para cada instalación específica de
la pieza. Los experimentos han mostrado que en cada caso, el punto final
de la trayectoria se halla fuera de la propia galería. El punto
de recepción se mueve siempre muy cerca del plano de la experiencia
musical, pero se detiene cuando está próximo a tocarlo; mientras
que al final de la pieza se viaja tan deprisa como la música debía
tocarse al principio.
Como el famoso anamorfismo de Los Embajadores de Holbein, el
objeto visto desde el singular punto de recepción de Graham, refortalecido,
es un fantasma, una aparición, algo más bien mortecino. Esto
explica la antióvirtuosidad de la pieza de Graham. Habla al genio
despiadado, al alucinador del teclado, al maestro de la prestadecadigitación,
los diez dedos voladores del destino musical, al especialista de las escalas,
al gran llenador de tiempo, al tejedor de alfombras voladoras e invención
predecible, al Maestro Fortepiano Galileo da Gallería, eldoctorprofesordemúsicaespecialehistoriageneraldocenteordinarioprivadodelgimnasioó
museoósanatorioysuspensoriosnacionales Kriegfried Uberallgemein...
¡Despacio! Esto recuerda la discusión de Lacan sobre el
"anamorfismo del pene". Adaptado a la situación de la galería,
éste podría tomar la forma de un gran dibujo de un pene a
lo largo de una pared. Cuando se ve desde el punto correcto, el órgano
gigante volvería a su normal y no exagerado estado. El proyecto
musical de Czerny, mediante un procedimiento inverso, se desinfla
en la extensión. Desde que la interpretación "rápida"
requiere la máxima precisión de articulación entre
las notas individuales en orden a su expresividad, uno se pregunta
si sería posible tocar el anamorfoseado Czerny, como
indica la partitura, en tempo allegro o allegro vivace, o
tempestuoso o si la pieza completa va a ser un adagio inmóvil.
La pieza de Graham está basada en el principio de descanso musical.
Da al oyente mucho tiempo para descansar, de hecho cada interpretación
incluye un ciclo de sueño medio. Esto sugiere que la famosa pintura
de Poussin de Céfalo y Aurora podría ser un emblema
apropiado para la obra. La noche de descanso ha llegado a su fin, y los
caballos del amanecer están herrados y preparados para saltar al
cielo. Aurora desea mantener a Céfalo con ella para siempre en ese
preciso momento de las más deliciosas sensaciones de esperanza y
posibilidad, aunque Céfalo, movido por el deseo despertado gracias
al retrato de su amante Procris (vista por nosotros en ángulo, en
una perspectiva distorsionada) resiste a la tentación y avanza hacia
adelante en el día. En breve: tiene que ir a trabajar. El deseo,
para ser realizado, debe ser pospuesto, puesto en suspenso. La gran pintura
de Poussin ilustra la tormenta del artista atrapado entre el placer del
ensueño, que abre el deseo de producir, y el dolor de ponerse a
trabajar.
Y cada Momento tiene un Sofá de oro para el reposo suave,
(Un Momento equivalente a una pulsación de la arteria)
Y entre cada dos Momentos se levanta una Hija de Beulah
Para alimentar a los Durmientes en sus Sofás con cariño
maternal.
En cada ocasión ese "menos que una pulsación de la arteria"
Es igual en su periodo y valor que Seis Mil Años,
Porque en ese tiempo la Obra del Poeta está Hecha: y todos los
Grandes Eventos de Tiempo comienzan y son concebidos en tal Periodo,
En un Momento, lo que dura la Pulsación de una Arteria.
Así, el sueño de Beulah debe diariamente fallecer en "la
producción de deseo".
*
Para un artista, su "obra" tiene una significación muy concreta.
Czerny ciertamente no la eludió óera un trabajador esforzado,
que dedicaba mucho de su precioso tiempo creativo para hacer trabajos para
otros. Durante años Czerny enseñó a mucha gente joven
el significado de trabajar, y por consiguiente también les enseñó
a posponer la realización de su talento indefinidamente. Viviendo
la pieza de Graham se nos invita a "descansar", sólo para ser periódicamente
molestados por el recordatorio de que alguien está trabajando, y
que de hecho ese alguien somos nosotros. La pieza funciona como una especie
de despertador ócada nota solitaria es un marchito fragmento de
la promesa de felicidad. ¿Cuándo tiene el virtuoso una oportunidad
de descanso? El arte conceptual fue inventado par responder a esta pregunta,
y la "obra ética" no ha sido nunca tan aceptada como hoy. La dulzura
de la vida es destilada a partir de un sentido del tiempo expandido, que
a menudo también trae consigo una sensación de espacio expandido;
ambos requieren que el practicante ocupado "fiche" y se retire. El intérprete
del Czerny anamórfico debe tener una "mano lenta", debe ser
un amante que vaya progresivamente más despacio, durmiéndose
antes del esfuerzo final, evitando adecuadamente cadencias de conclusión,
el último cliché musical. Pero entonces el intérprete
de este tipo de música es también necesariamente un compositor
cotidiano moderno. De música banal.
*
Por muy disonantes que sean los sonidos que llenan los descansos, lo
que distingue el Czerny es su intento por buscar un "plano" armónico
que pueda acomodar esos sonidos.
Es una especie de escorzo intelectual, una perspectiva mental, que produce
la siempre recurrente tranquilidad en la que la noche sigue a la noche
y que, extendiéndose de un día para otro, evoca un constante
sentido de vida en consonancia consigo misma. Por lo que a la mayoría
de las cosas se refiere, la principal condición previa para la felicidad
no es, por supuesto, que las contradicciones sean resueltas, sino que se
las haga desaparecer, al igual que las distancias entre los árboles
desaparecen cuando uno mira a lo largo de una avenida. Y tal y como para
el ojo del observador las relaciones visuales entre las cosas cambian de
tal forma que lo que surge es siempre una imagen dominada por el ojo, una
imagen en la cual la inmediata cercanía casi tangible aparece agrandada,
mientras más allá incluso lo gigantesco aparece diminuto,
las distancias se recortan, y finalmente la escena como un todo acaba en
una sencilla y ordenada suavidad..., así también ocurre con
las relaciones invisibles, que el cerebro y las emociones ordenan de tal
forma que inconscientemente algo se desarrolla para hacerle sentir a uno
que es el amo de su propia casa.
La música de Graham está "dominada por el ojo", o por
decirlo de otro modo, nuestra "perspectiva" en el arte está dominada
por la galería, que sabe que uno debe "mostrar" algo para venderlo.
Supongamos que estamos mirando la pintura de un laúd, digamos el
de los Embajadores de Holbein, con la curva parabólica de su forma
traducida en una correcta perspectiva escorzada. Si nos apartáramos
de la posición frontal y mirásemos este mismo laúd
desde el lado, ¿qué veríamos? Continuando bajo el
embrujo de la ilusión estética, podríamos quizá
creer que deberíamos encontrar un laúd que pudiéramos
coger y tocar. Podríamos encontrarnos a nosotros mismos en la Fiesta
Campestre de Giorgione ódonde el hombre que se ve a sí
mismo en posesión de este laúd puede muy bien imaginar que
es "el amo de su propia casa". El melancólico punto de vista sugerido
por la pieza de Graham muestra que tal mirada lateral dirigida al escenario
de la maquinaria de la visión revelaría sólo una oscuridad,
una "tachadura" comprimida, diseñada para rellenar una distancia
en el espacio-tiempo. El estiramiento de este punto de vista a lo largo
de un periodo de veinticuatro horas nos da una vez más un espacio
dilatado, pero no más ilusiones de dominio.
*
Mientras el Czerny de Graham es elástico, expandiéndose
diurnamente y rompiéndose a la vez, en su Parsifal se da
a cada una de las voces orquestales individuales una dilación de
tiempo diferente y apretada, para conformar ya en su conjunción
patrones regulares. La sincronización continua de las diferentes
partes, su "fase de movimiento", da a la pieza completa un lento ritmo
de paseo, aunque el recorrido sólo pueda ser percibido por el paseante
de buena memoria. La pieza podría incluso ser descrita como la antítesis
de una marcha; no nos conduce al futuro, más bien nos sirve como
acompañamiento a una vida pasada en apacible paseo ópaseo
que le permite a uno mirar alrededor y distraerse.
El curso de la historia no fue por consiguiente como el de una bola
de billar, que una vez golpeada corre a lo largo de una trayectoria definitiva;
por el contrario, es como el pasar de las nubes, como el camino de un hombre
deambulando por las calles óentreteniéndose aquí con
una sombra, allí con un pequeño grupo de gente, o por el
modo insólito con que un edificio sobresale mientras el siguiente
se echa hacia atrásó que acaba por llegar a un lugar que
ni conocía ni quería encontrar. Era inherente al curso de
la historia un cierto elemento que precisamente divagase de su curso. El
momento presente era siempre como la última casa del pueblo, que
de algún modo en poco tiempo se contaría entre el resto de
las casas del pueblo.
Instalada como pieza de música ambiental, cada nota sucesiva,
en tanto destaca de los sonidos del propio ambiente, puede desviar nuestros
pensamientos de su curso. La función de los muchos descansos interpolados
es precisamente hacer posible este efecto. Y la acumulación de muchos
de estos pequeños trastornos podría conducir a una rotura
masiva del sistema, pero siempre una u otra voz se está alargan
hacia el siguiente pasaje desarrollado, evitando cualquier posibilidad
de falso final. El "presente retrospectivo" del citado pasaje de Musil
también indica cómo debe el crítico mirar el trabajo
de Graham. Única entre las obras de arte en tanto ella comienza
mucho antes que la propia concepción del artista, la interpretación
de la pieza ocurre en un continuo tiempo real. Lo que evidentemente supone
un problema para la crítica, ya que la música no puede ser
evaluada desde su punto final. Uno siempre está en el medio de ella,
incluso al escuchar se tiene la impresión de que cada momento presente
de la música está retrocediendo, y arrastrando nuestra mirada
hacia atrás. El presente no es un instante pequeño e inmesurable,
es un intervalo discreto de duración variable. Idealmente, el oyente
que puede oir el desarrollo de temas compuestos a la manera clásica
o temprano-romántica experimenta esa pieza musical como un "ahora"
extendido; el Parsifal, por otro lado, nos permite oir catorce trillones
de mañanas como "un único ayer". A través de la música
de Graham "una época futura entra en contacto con nuestra era".
Esta particular orientación al presente óun presente de fecha
indeterminadaó es precisamente lo que apunta a la naturaleza histórica
de la obra.
En la música del Parsifal, los racimos de sonido aparecen
a veces muy próximos uno detrás de otro, sugiriendo el comienzo
de figuras rítmicas que nunca son sostenidas. Ocasionalmente un
pequeño efecto de cascada ocurre cuando varias voces "caen" juntas
en el mismo pasaje. La pieza completa podría ser vista como una
eterna caída libre de treinta y nueve billones de años sin
llegar a tierra. En cualquier caso, es esta serie de gestos hacia el futuro
truncados y aterrizajes inconclusos la que da a la pieza su total y característico
ritmo paseante; la música se convierte en una metáfora para
un desarrollo perpetuamente ilimitado. En ésto continúa con
la crítica wagneriana de la forma clásica, pero mediante
la negación del propio concepto de Wagner. Si la sinfonía
del periodo romántico temprano fue construida como una "narrativa
de desarrollo", que debía culminar en un gesto afirmativo, el cromatismo
de la música de Wagner es la expresión de un cuestionamiento
histórico acerca de la finalidad de tales gestos, y por lo tanto
una crítica de la clausura de la propia forma sinfónica.
La obra de Graham es un pasaje suspendido diseñado directamente
a partir de la forma de la obra de Wagner que hace a las mastodónticas
sinfonías postwagnerianas de Bruckner, por no mencionar los ambientes
musicales de cuatro horas de las propias óperas del maestro, parecer
un breve haiku. Sus enormes dimensiones la convierten en un monstruoso
espectro de la Gesamtkunstwerk, todavía moldeada a partir
de la propuesta racionalista y especializada que la propia estética
de Wagner trató de suprimir.
La obra de Wagner apuntaba hacia la pérdida de la voz instrumental
individual en la producción de un nuevo conjunto de colores sonoros
y una nueva concepción de la orquesta como una voz única.
No siempre se puede decir qué instrumentos participan de cada acorde.
La desorquestación de Graham una vez más aisla las voces
y altera el equilibrio de la instrumentación. En tanto las trompas
y los instrumentos de viento recorren ciclos más cortos, aparecen
mucho más frecuentemente y cobran más relevancia en la definición
del carácter de la música que en el pasaje original, donde
se retiraban después del primer compás, para sólo
volver como un acento colorístico muy leve ya al final del último.
La orquestación de Wagner se distingue precisamente por la forma
en que domina los sonidos individuales y distintivos de los vientos y los
bajos a través de combinaciones insólitas y su integración
más cercana a las cuerdas. Por otro lado, la voz solista de los
vientos es ampliamente utilizada en la música contemporánea;
la cualidad flotante de una voz solista liberada de su trabajo armónico
estricto se carga de un lirismo austero que seduce al oído contemporáneo.
A este respecto, la música de Graham siempre dará sensación
de época; sin importar de hecho cómo es producida objetivamente,
resulta indudable que se trata de un producto del siglo veinte.
Los críticos del futuro también reconocerán su
"planitud", su completa carencia de modulación, como una típica
característica del arte del siglo veinte. En esto, el Parsifal
marca una ruptura decisiva con los antecedentes barrocos del Czerny.
El idilio pastoral clásico de artistas como Poussin y Giorgione
se realizaba en un espacio delicadamente expandido en que el tiempo se
mantenía parado. En cambio, la modernidad se caracteriza por la
mercantización, y por tanto "espacialización", del tiempo
óla esclavitud del relojó de manera que en el idilio modernista
todo es tiempo y nada espacio. El Parsifal adopta la forma de un
viaje a través de un paisaje "escénico" plano; lo único
que le distingue del turista moderno es su tempo, callejero y no
automático.
Pero más allá, como Adorno observa (refiriéndose
a Wagner), "existen muchas partes instrumentales que son de hecho perfectamente
audibles, pero que aparecen como por debajo de la superficie manifiesta
de la composición, más bien como los diferentes estratos
de inmediatez en un sueño".
La separación de las voces se convierte entonces en una especie
de análisis del sueño. Nada queda en las sombras, incluso
nos acercamos a la pesadilla de la historia como eterno retorno. La misma
frase de una flauta se repite cada tres compases, o, en tiempo absoluto,
cada veinte segundos, hasta el punto de convertirse en tortura para la
consciencia histórica del que escucha. En tanto los ciclos de las
flautas y un segundo oboe son más cortos que los originales siete
compases, tienen efectivamente que conceder algunos descansos para ajustar
su papel en el sistema composicional. Mientras duermen las otras voces,
estas dos trabajan horas extras, y su inoportuno entusiasmo es una constante
fuente de irritación. La reencarnación está también
sugerida; el corto ciclo de las flautas puede representar la metempsicosis
entre las hormigas, mientras que el pasaje más ponderado de la viola
podría referirse al renacimiento de animales vivos más antiguos,
como las ballenas. La duración de la pieza de Graham debería
contarse en kalpas.
La investigación científica ha proyectado la consciencia
histórica moderna fuera del contexto que la originó óel
hombre creó la historiaó en épocas geológicas
y astronómicas. La inmensidad del tiempo astronómico deja
sin sentido cualquier concepto humano de historia, y la ciencia responde
con detalladas "imágenes" del remoto pasado, como si una grabación
sin laguna pudiera salvar al sujeto racional de su eterna caída
en el abismo temporal. Los vívidos mundos de ensueño de la
ciencia ficción pueden ser vistos también como un fenómeno
reactivo complementario, la expresión de una angustiosa necesidad
de llenar el tiempo y el espacio vacíos del futuro con el contínuo
de la historia humana. El tema del viaje, en el que personajes de ficción
se mueven a través de diferentes épocas como si estuviesen
paseando a través de una serie de habitaciones adyacentes, se convierte
entonces en un género central; mientras que la idea de un número
ilimitado de "líneas temporales" simultáneas, bifurcándose
en cada instante, es la descripción de la propia ciencia ficción
como una biblioteca de universos alternativos en eterna expansión
óuna imparable inflación de posibilidades. Como a la vez
ciencia y ciencia-ficción, la música de Graham se lanza a
sí misma con precisión matemática en el tiempo cosmológico,
sólo para llegar a ningún lugar y encontrar nada. Es el perfecto
sedante contra la ansiedad "histórico mundial" ómúsica
plana para un universo redondo.
*
Traer a la memoria momentos pasados o futuros de la música de
Parsifal es una especie de viaje en el tiempo diseñado idealmente
para el habitante del apartamento moderno equipado con compact. A diferencia
de la televisión o la película de ciencia- ficción,
la música no intenta visualizar un posible futuro, solamente la
confirmación de que al tiempo que se interpreta, el futuro sonará
ciertamente igual que el presente. Los extractos grabados de la Verwandlungsmusik
podrían apropiadamente utilizarse como fondos mientras se ven episodios
de Star Trek . Esto debería aportar al espectador una experiencia
más vívida del futuro y simultáneamente subvertir
todas las estrategias y efectos especiales dirigidos a producirlo. En realidad,
escuchar la música del Parsifal le deja a uno "colocado",
al igual que realizar los interminables recorridos de los nuevos episodios
de "La Nueva Generación". Quizá la música de Graham
debería ser considerada como el último "efecto especial".
Afortunadamente, los instrumentos electrónicos obvian la necesidad
de los ensayos, así que aunque la posibilidad de una segunda interpretación
del Parsifal de Graham se nos aparezca insoportable, la pieza podría
tocarse en tiempos diferentes. Es razonable suponer que las limitaciones
actuales de los ordenadores darían lugar a errores en la interpretación,
pero que se podrían muy bien producir versiones corregidas en el
futuro. Esa posible proliferación de diferentes versiones del Parsifal
sugiere la teoría de los universos alternativos. Eventualmente sería
posible crear programas que pudiesen autocorregirse en proceso mediante
la extrapolación hacia adelante y hacia atrás desde el estado
actual de la música. Estos programas serán la primera manifestación
de una consciencia transhistórica, al ser capaces de arrastrar bloques
enteros de tiempo de una vez, para añadirlos al conjunto de las
versiones del Parsifal -pero quizá hasta el año 2525 no se
reconocerá que fue necesario tener en cuenta tales correcciones
de futuro en la naturaleza cambiante del propio tiempo. Pero no existe
ningún punto de proyección de los eventos históricos
que pueda crear un fondo para la música, tal y como ésta
se despliega. Sólo se necesita recurrir a la literatura de ciencia-ficción
para encontrar tal fondo para el Parsifal; cualquiera de viaje al
futuro, pintado en tonos pastel y con las formas aerodinámicas de
la fantasía moderna, podría servirle de escenario. Esa narrativa
de la ciencia ficción puede, por ejemplo, adquirir la forma de un
"tour guiado", del diálogo entre un narrador y un guía informativa
(Dante y el Salón de Diderot de 1767):
*
Este texto tiene dos autores, uno contemporáneo de sus lectores,
el otro un habitante de una época que ellos llamarían el
futuro lejano. El cerebro que concibió y escribió estas frases
vivió en la época de Einstein. Yo, el verdadero inspirador
de este texto, que lo he engendrado desde ese cerebro, que influyo en la
concepción primitiva de ese ser, habito una era que, para Einstein,
reposa en un futuro muy remoto.
El escritor actual piensa que está simplemente inventando un
mundo de ficción. Aunque ambiciona contar una historia plausible,
ni se la cree, ni espera que otros la crean. Pero todavía la historia
es cierta. Un ser que se podría llamar el hombre del futuro se ha
apoderado del dócil pero apenas adecuado cerebro de tu contemporáneo,
y está tratando de dirigir sus procesos comunes para un propósito
alienado. Así, una época futura ha entrado en contacto con
tu era.
El crítico, cuya interpolación en la experiencia del arte
es a menudo una molestia, es también un guía, en este caso
un parásito cerebral. Los murmullos del crítico nacen a partir
de la escisión temporal de la consciencia producida por la obra
de Graham. Intentamos escuchar la música, pero estamos constantemente
distraídos y desplazados por las intervenciones "futuroóhistóricas"
del comentarista. Es la expansión de la música de Wagner
mediante la interpolación de grupos de descansos musicales la que
crea tantas aperturas conversacionales. En sentido contrario, este ensayo
emerge a partir de una serie de "descansos" conceptuales, intervalos subjetivamente
intemporales en que la voz interpretativa se ha quedado muda.
*
Estaba en el punto de ensueño, tumbado en mi sillón, dejando
mi mente vagar libremente óese estado delicioso en el que el alma
se queda honestamente sin reflexión alguna, la mente precisa y aguda
pero sin esfuerzo, en el que las ideas y los sentimientos parecen nacer
de nosotros mismos igual que de una tierra propicia. Mis ojos se fijaron
en un paisaje admirable, y yo estaba diciendo: "El maestro está
en lo cierto, nuestros artistas no entienden nada, el espectáculo
de sus más bellas producciones nunca me ha hecho sentir el delirio
que siento ahora, el placer de pertenecer a mí mismo, el placer
de conocerme a mí mismo tan bien como soy, el placer de verme a
mí mismo disfrutando de mí mismo, el incluso más dulce
placer de olvidarme de mí mismo. ¿Dónde estoy en este
momento? ¿Qué me rodea? No lo sé, no me preocupa.
¿Qué me falta? Nada. ¿Qué deseo? Nada. Si Dios
existe, así es como él debe ser, Él disfruta de sí
mismo."
Pero quizá el fenómeno en discusión no es en absoluto
una obra de arte. La pieza puede sólo ser interpretada una vez porque
su fecha de comienzo es una particular, un momento irrepetible. Si la repetibilidad
es una característica de la música como tal, esta pieza entonces,
aunque deriva estrictamente de las estructuras musicales fundamentales
ódivisión del tiempo en unidades medidas iguales y repetición
de los motivosó no es realmente música. Sus fatigosas dimensiones
abrazan todos los limitados parámetros de la música, y por
tanto anulan cada uno de ellos; por un lado su naturaleza matemática
y predecible impide la improvisación, mientras que por el otro su
ser "sólo una vez" niega la partitura. En tanto la partitura apenas
puede ser "interpretada", no tiene función en la realización
de la música. Es más un comentario, desfasado respecto a
su objeto. Y en tanto se la puede imprimir en menos tiempo que el que dura
la pieza, sólo será una correcta descripción de la
música en algún, aún por determinar, punto futuro.
Traducción: Luis García-Ochoa
(1) Robert Linsley se refiere a la
pieza de Rodney Graham "La escuela de la velocidad" como el Czerny de Rodney
Graham. Hemos respetado esta forma de referir la pieza -ya que el título
que emplea es el mismo de la pieza de Czerny de la que Graham parte. Una
descripción de esta pieza, así como otra referente a su posterior
trabajo "Parsifal", ambas debidas al propio Rodney, se añaden a
continuación. Esperemos que eso permita al lector hacerse una idea,
al menos aproximada, de ambas piezas. [N. del D.] |