Glòria Picazo: Han pasado más de cinco años
desde aquella conversación un 11 de septiembre de 1990, que se publicó
en el catálogo "liraelastica". Para iniciar este nuevo encuentro,
quizás sería lógico emprender un recorrido cronológico
que nos llevara hasta el estado actual de tu obra, pero sabemos que en
cierta medida la obra de un artista se construye a partir de obsesiones
que reaparecen insistentemente, así que podríamos igualmente
tomar éstas como punto de partida:
Jordi Colomer: Cinco años es mucho tiempo, y desde luego
muchas cosas han sucedido desde entonces. Para empezar, al igual que tú,
por cierto, he vivido unos años en Francia. Estando allí
decidí poner en práctica un ejercicio que me parece muy francés:
escribir primero lo que quieres hacer y luego hacer, lo que puede traducirse
por una investigación en la idea de proyecto. Me dí cuenta
también que darle excesivo valor al proyecto supone grandes riesgos,
me refiero al peligro de hacer desaparecer lo imprevisto, lo imprevisible.
Pero el ejercicio resultó positivo para aclarar algunas cosas. Si
tuviera que enumerar algunas de las que tu llamas "obsesiones", diría:
la escritura, o mejor, la grafía, la arquitectura y los objetos.
Y sobre todo, cómo esos elementos se relacionan entre ellos.
G.P: Si te parece, empecemos hablando de arquitectura. Desde que presentaste
la exposición "Alta comedia" en el Tinglado de Tarragona, introduces
en tu trabajo otra dimensión. Una dimensión a escala humana
que nos permite seguir aludiendo a la arquitectura, pero ahora no sólo
desde la óptica de los referentes, sino desde la propia creación
de espacios reales.
J.C: En cierta manera, fue en esa exposición donde puse en práctica
esas reflexiones sobre la idea de proyecto de la que antes hablaba. El
Tinglado es un espacio enorme, de mil metros cuadrados, y la exposición
fue pensada íntegramente en una mesa pequeñita, escribiendo,
dibujando óque sigo considerando algo primordialó, y construyendo
una maqueta. Asi que tenía la idea de intervenir únicamente
en el momento del proyecto, y dejar el resto en manos de otras personas.
Pero me resevé una parte final para intervenir en directo, escogiendo,
manipulando o construyendo los pequeños objetos que las piezas a
escala arquitectónica debían acoger, y que no quise decidir
previamente. Las decisiones tomadas fueron siguiendo lo que las grandes
piezas pedían a gritos. Así fue con la escalerita improvisada
que coloqué delante de la puerta cerrada de "Noves vacances", o
los zapatos y las cajas de bombillas debajo de "Gran como en casa", o los
botes de mermelada y demás dentro de "En escena". Es del diálogo
entre unos y otros elementos, entre una y otra escala y entre las dos maneras
de trabajar, que las obras adquirían sentido.
G.P: Recientemente he leído unas frases de Paul Virilio, siempre
preocupado por la arquitectura y su reódefinición en la sociedad
actual, en las que anunciaba como ésta se ve afectada por "las mutaciones
espaciales y temporales que no cesan de reorganizar, en el campo de la
cotidianidad, las representaciones estéticas del territorio contemporáneo",
y cómo "la arquitectura es un instrumento de medida, una suma de
saber que puede, al medirnos con el medio natural, organizar el espacio
y el tiempo de las sociedades".¿Cómo crees que el artista
interesado en estas cuestiones puede aportar nuevos puntos de vista?
J.C: De entrada me parece bastante evidente que en los últimos
tiempos, se ha producido una especie de encierro generalizado en la célula
básica, en el hábitat individual. La arquitectura como cabaña
es tan antigua como la humanidad, en esa cabaña suceden ahora mayor
cantidad de cosas, sobre todo por los cambios en las formas de comunicación,
pero la arquitectura permanece como referente esencial. Turner se encerraba
en una cueva completamente oscura durante días para luego salir
y ver las cosas con mayor intensidad. Cuando Roland Barthes habla del "bateau
ivre" de Rimbaud, compara ese barco sin tripulantes con el submarino de
Julio Verne que viene a ser la casa burguesa por excelencia, con todo el
confort: mobiliario, chimenea, alfombras, zapatillas, pipa, etc., y todo
eso para salir a descubrir el mundo. Estás dentro de esa casa y
por la ventanilla vas mirando el mundo, tranquilamente, y ves aparecer,
por ejemplo, el monstruoso pulpoógigante. Yo estoy interesado en
el punto de vista del monstruo, que mira a través de la ventana
hacia el interior del submarino, y que desde fuera se pregunta en que consiste
ese hábitat, que hay detrás de esa especie de escenografía
sin la que parece muy difícil viajar.
G.P: Tal como está evolucionando tu obra últimamente,
gracias a los encargos públicos, podríamos decir que quizás
estás abandonando ese hábitat cotidiano para colocarte en
la boca del monstruo, porque en el momento que tu obra toma una dimensión
pública, esa proximidad se escapa totalmente. Hablábamos
de la arquitectura en términos de protección, y en cambio
últimamente,¿ estás trabajando para aproximarte al
monstruo?
J.C: Lo que me interesa como he dicho, es el punto de vista del monstruo,
que mira desde fuera hacia dentro. Los encargos públicos te enfrentan
a una arquitectura real. En un contexto de arquitecturas reales introduces
otra con los condicionantes de duración, de relación con
otros elementos urbanos, etc... El contexto de una exposición es
siempre en cierta medida teórico, aunque la escala sea real. Lanzas
imágenes, o ideas, a un nivel casi virtual, en cierta medida autónomo,
de representación, mientras que en la ciudad te mueves igualmente
a ese nivel, pero sobre todo en relación a una realidad arquitectónica,
a una multitud de elementos, que cambian el nivel de realidad.
G.P: La obra pública en Sant Boi, el "doble mirador", ¿
podría responder a la cuestión de mirar de fuera hacia dentro,
un espacio circular con unos objetos extraños en el interior que
intentan atrapar la mirada del espectador?
J.C: Evidentemente, plantea la cuestión de la mirada. La obra
surge en parte en relación al contexto. Sant Boi es conocido popularmente
por tener el mayor centro psiquiátrico de España. Eso supone
que existe un muro de 500 metros que lo delimita, y que sigue con el muro
del cementerio. La ciudad había crecido en todas direcciones excepto
hacia ese muro, y ahora se ha decidido urbanizar esa zona. Yo elegí,
pues, un emplazamiento en relación a ese muro, que me parecía
especialmente interesante. Un muro construído para delimitar, pero
también para impedir la mirada de uno y otro lado. Así que
me propuse compensar ese muro ópor otra parte inevitableó
a la vez que señalarlo. La vía elegida fue construir un artefacto,
a escala arquitectónica, cuyo uso primordial es mirar.
G.P: Lo que dices me sugiere que quizás la única finalidad
que la escultura pública pueda tener hoy por hoy, cuando han caído
monumentos y ya no hace falta revivir memorias, sea la de mirar, que la
mirada quede trastocada cuando pasa por un lugar que conoces y algo ha
cambiado. Si no, ¿qué función tiene, en tu opinión,
la escultura pública?
J.C: Cuando trabajaba en este encargo público había varias
condiciones que pensaba eran fundamentales. En primer lugar quería
que la pieza forzara una acción, y que la obra no se limitara a
ser exclusivamente un objeto aislado, para ser mirado. Por otro lado, como
he dicho, a su vez me interesaba el acto mismo de mirar, para compensar
el muro, que es ciego. Así que debería provocar la acción
de mirar, pararse a mirar sería la acción demandada. Un gran
aparato para mirar unos pequeños objetos. El efecto logrado debería
ser una especie de sensibilización de la mirada con cualquier objeto.
Ver, por ejemplo, el muro del psiquiátrico, la presencia de ese
muro, y lo que tiene de necesaria, de tabú, de extraña y
de familiar. Respecto a tu referencia al monumento, si un día improbable
desapareciera el psiquiátrico y con él, el famoso muro, quizás
la obra adquiriría sentido recordando su existencia, y se convertiría
en monumento.
G.P: Pienso que cuando hablamos de obra pública, aún seguimos
muy atados a los conceptos tradicionales y me pregunto por qué no
podría valorarse desde la óptica de lo efímero o del
desplazamiento. Seguimos muy marcados por la idea de monumento: es inamovible,
si se quita es peyorativo, si cambia de sitio siempre pasa algo. No se
acepta que la obra pueda tener una vida por si misma y un tiempo limitado
de existencia. Que pueda ser válida en un momento determinado y
luego superada por las circunstancias, lo que no significa que en su momento
no fuera acertada.
J.C: Eso sucede con la escultura pero también con la arquitectura.
Curiosamente la arquitectura efímera ha dejado de ser considerada,
en la práctica, Arquitectura con mayúscula, y se da la paradoja
que cierta arquitectura nacida para ser efímera, como la de algunas
exposiciones universales, ( por ejemplo la Barcelona del 29 o la Expo de
Bruselas y Sevilla) ha resultado definitiva. Otras arquitecturas desaparecidas,
en cambio, como el Cristal Palace de Paxton o los jardines de Babilonia
(que hemos visto en el cine), tienen peso en una Historia análoga,
una Historia en la memoria, y forman parte, pues, de nuestro imaginario.
Hoy día, lo efímero parece reservado al mundo del teatro,
casi despectivamente. A mí me interesa particularmente ese concepto
de arquitectura efímera, normalmente ligada a la fiesta. El "Teatro
Maravillas", que presenté en ocasión del 50 aniversario de
la O.N.U. en su sede en Ginebra, incide en ese sentido, pues a la arquitectura
efímera se le suele identificar con la escenografía.
G.P: ¿Y podríamos hablar también de esta obra en
el sentido de un desplazamiento?
J.C: Esta obra es desmontable, ideada para que viaje y se instale temporalmente.
Su propia esencia tiene, pues, un carácter temporal. Se trata de
una escenografía, que es a su vez un teatrito, que no está
terminado de montar, o quizás está a medio desmontar. El
rótulo, con el nombre "Maravillas," funciona deliberadamente de
manera defectuosa. Y lo que es mas importante, no está en la parte
superior que es donde se supone debiera estar, sino apoyado en una de las
paredes, como formando el decorado. Asi que, en realidad, lo temporal está
presente por duplicado.
G.P:¿ Y el proyecto de las "Cases de vacances" (las casas de
vacaciones) enlazaría también con este concepto?
J.C: Desde hace mucho tiempo ó te acordarás de los "prototips
ideals" ("prototipos ideales")ó, estoy interesado en todo lo relacionado
con lo ideal, lo maravilloso, lo utópico y sus posibilidades de
traducirse en algo material. Ahora mismo intento trabajar en la definición
de ciertas tipologías en esa línea, y especialmente en una
tipología que no aparece como tal en ningún tipo de tratado
y que intuyo puede dar una imagen actual de todo eso, como sería
la de la casa de vacaciones. Un sitio ideal donde recoger la utopía
con cierta distancia, y quizás un poco de desencanto.
G.P: Alguien comparó la ciudad a un teatro de memoria en ruinas...
hablemos de tu interés por el mundo del teatro. Un interés
que se manifiesta en la serie "Opereta", en la que los fragmentos escultóricos
se transforman en personajes imaginarios bajo la grafía que pediste
a otras personas. También en la escenografía para "Carta
a los actores" de Valère Novarina, en la que los espectadores se
situaban también en el escenario, o en la obra ya mencionada que
presentaste en Ginebra, el "Teatro Maravillas_. ¿Cómo definirías
esta atracción por el mundo teatral?
J.C: Sabes que durante mucho tiempo, por motivos personales, tuve un
contacto muy directo con el mundo del teatro. Aunque hasta muy tarde no
he querido trabajar en él, tuve ocasión de conocer a fondo
sus entresijos. Asistir a muchos ensayos o ver cuarenta veces la representación
de "Happy days" de Beckett o "As you like it" de Shakespeare, o mil cosas,
pues acabas por empaparte de teatro, te aprendes los textos de memoria,
aprecias las enormes diferencias cuando cambia el montaje, el intérprete
o cuando cambias de butaca. En las "Operetas" quise, evitando la representación
directa de la figura humana, que pudieran reconocerse diferentes personajes
y su carácter, que sólo a través del nombre se apreciaran
los matices o las particularidades de cada uno. Asi que pedí a un
número determinado de personas que escribieran unos carteles con
el nombre de esos personajes, construí unos soportes de hierro un
poco sobreactuados, fabricados en serie, y una vez distribuídos
en el espacio acaban por formar una opereta. Los diferentes personajes
quedan definidos por las diferentes escrituras. Para ello renuncié
a mi propia escritura, que empezaba a ser reconocible, y descubrí
las posibilidades de incorporar otras manos, bien visibles.
G.P: Todos estos comentarios me hacen pensar en cierta voluntad por
tu parte de cambiar los procesos, porque estamos hablando de una posible
obra de teatro sin historia, con unos personajes sin historia. Igualmente,
viendo la escenografía para la obra de Valère Novarina, en
la que el público es como un actor, colocado en el escenario. Podríamos
decir que utilizas los sistemas teatrales, pero siempre tergiversándolos
de alguna manera.
J.C: La "Carta a los actores" son de hecho las reflexiones del autor,
Novarina, mientras ensayaba como director otra obra suya, y luego eso se
transformó en una obra de teatro en si misma para ser "dicha" por
un actor en el escenario. Era la voz del autoródirector viendo un
ensayo. Entonces pensé que lo mas adecuado era reduplicar ese escenario,
construyendo otro de aire provisional, encima del escenario del teatro,
y muy sobrepasado en su construcción, debajo del cual se guardaban
los objetos que se utilizaban y otros mas. El público, lógicamente,
debería colocarse sobre el primer escenario.
G.P: De hecho podemos hablar de un cambio de papeles, el actor dice
lo que diría el director, el público se sitúa en el
espacio de los actores, y todo ello me remite a ese espectador que en algunas
de tus obras, como en el "Teatro Maravillas", es un espectador pero también
un actor, que seguramente será observado por alguien situado fuera.
Y vuelve a producirse un cambio de papeles.
J.C: Puede que nos encontremos otra vez ante la mirada del monstruo.
Y también, sobretodo con un intento de evitar la representación
de la figura humana. Creo que la única posibilidad de acercarse
a esa representación es a través de lo que de tan cercano,
casi se confunde con el hombre, es decir, los objetos que fabrica y utiliza,
los sitios en que vive o su escritura. En definitiva, lo que podría
llamarse rastros de su actividad, y creo que el retrato mas exacto que
puede hacerse a estas alturas del siglo XX, es a través de esos
rastros, de ese mundo artificial que ha creado.
G.P: Hablando de rastros y de esos personajes que se intuyen detrás,
que no conoces pero que tienes la certeza que existen, pensaba en la serie
de las "Finestres" ("Ventanas") y los pequeños fragmentos de escrituras
aislados, que sabes perfectamente que provienen de un texto más
extenso. Textos escritos por unos personajes reales, que puedes intuir
como en las "Operetas"; en éstas ibas en búsqueda de los
textos, en las "Finestres" los textos son encontrados en la parte trasera
de tarjetas postales, pero quizás la clave sea la misma: unas historias
por inventar o bien ya inventadas.
J.C: En las "Operetas" aparecían los nombres de los personajes
y en las "Finestres" había pequeños diálogos. Se trata
siempre de dípticos, en los que las palabras están escritas
por dos personas distintas, y que crean, pues, un posible diálogo,
a través de las diferentes escrituras. Mirando postales que quería
comprar, me dí cuenta que tenia a mi disposición cientos
de personajes que habían dejado su rastro a través de la
escritura. Al leer los textos, ví que sus temas se reducen a tres:
las vacaciones, el clima y la salud. Entonces quise establecer los diálogos
mínimos sobre esos temas, diálogos lo más breves posible.
El texto de esa hipotética obra de teatro sería un diálogo
contemporáneo, fotografiado y magnificado, y llevado a la reducción
extrema.
G.P: Quizás éste sería otro tema a comentar: el
concepto de mínimo, de reducción, de minúsculo, que
aparece en tu obra, y muy especialmente en la serie "Puces" (Pulgas) del
1992. Esta me parece una constante en tu trabajo, cuando sitúas
una botella de leche o un bote de mermelada en una gran arquitectura, apuntas
hacia ese aspecto.¿Podrías explicarnos el por qué
de esa concreción?
J.C: El objetivo es montar un sistema para fijar la mirada. Hemos visto
en nuestro siglo que el propio contexto de la galería o del museo
puede forzar la mirada sobre cualquier objeto que se sitúe en su
dominio. La idea implícita en las obras que mencionas es ir hacia
el extremo del mínimo posible, del recorte miniatura, un paisajito
sacado de un trocito de revista o de un cómic, por ejemplo. Montar
un sistema que privilegie esa mirada, y al mismo tiempo mostrar el sistema
por el que ello es posible. Las dos cosas, el sistema y lo que vemos me
parecen igualmente importantes.
G.P: En definitiva, estás hablando de unos sistemas que también
podríamos aplicar a la pieza de Sant Boi, allí la pulga sería
una imagen fijada en un contexto que es el de la ciudad.
J.C: Probablemente esta sea otro de los temas que recorren mi obra un
poco obsesivamente: enfocar la mirada hacia un rincón mínimo
o un elemento muy pequeño, (de ahí las "Pulgas"), pero mostrando
como se dirige esa mirada y exagerando toda esa sistemática.
G.P: De hecho,¿ crees que lo que estamos diciendo se podría
relacionar con la serie de envíos "De particular a particular"?
Ha sido la propia palabra "particular" la que me ha hecho pensar en ello,
pues vuelve a ser un fragmento mínimo.
J.C: La idea viene de una revista francesa de compraóventa de
casas, que lleva ese título: "de particular a particular". Esa fórmula
standard de relación entre individuos, puede aplicarse también
cuando mandas una carta o una postal, o sea a la correspondencia que va
"de particular a particular". Se trataba de forzar un poco la expresión,
normalmente con connotaciones comerciales, para ver en ella dos individuos
comunicándose. Esta revista me interesaba mucho, puesto que las
pequeñas fotografías de casas que reproduce están
tomadas por los propios particulares. Son fotografías domésticas
detrás de las cuales están sus habitantes. Al aislarlas y
suprimir su referencia o el pie de foto, esas imágenes aparecen
como casas con carácter, pero fuera de lugar. Y al mandarlas a otro
particular, cogidas de un alfiler, estaba cortocircuitando el sistema normal
por el que circulaban, es decir la compraóventa.
G.P: Ahora que hablamos en estos términos, me haces pensar otra
vez en el director de teatro, y si en realidad no estás utilizando
como artista las estrategias que le son propias, al servirte de unos "particulares".
En el tema del "Particular a particular" te interesas por las sugerencias
dadas por unos personajes desconocidos, que te llegan por la fotografía
de su hábitat. Veo un gran paralelismo con el director de teatro,
que pone en funcionamiento una serie de historias que le vienen dadas.
J.C: La gran diferencia, creo, es que el director de teatro trabaja
con material humano, y yo, en cambio, trabajo con los vestigios artificiales
que me proporciona ese material humano.
G.P: Hemos empezado hablando de un interés por el mundo del teatro
desde la evidencia, como serían las referencias escenográficas
y la arquitectura efímera y hemos llegado a un punto en el que el
sistema teatral de funcionamiento es el que parece imponerse en tu trabajo.
Hay otro aspecto que citaste preparando esta conversación, y
me interesó especialmente. Al referirte a la serie de los "Goldófishes",
comentaste tu interés en dejar inacabada una de las obras ("135
goldófishes inacabados") por ser una manera de abordar el tema de
la perfección. Pienso que esa es también una constante en
tu trabajo, las piezas no cuidan especialmente los acabados, o bien los
personajes a los que aludíamos sólo tienen una profesión
y poco más hay añadido.¿Podrías ampliar esta
cuestión?
J.C: La última exposición en Munich lleva por título
"Perfecto y otros trabajos", porque hay otro tema que tiene que ver con
lo utópico y con las imágenes de lo ideal, lo maravilloso,
etc, que es en definitiva la idea de perfección. Me parece que la
única manera posible de hablar de perfección ó que
es una forma de orden ó, es precisamente a través de la evidencia
de lo inacabado, que es también una forma de orden. Como en los
templos hindús en los que se deja siempre una esquina inacabada,
para mostrar que la perfección no pertenece a lo humano y de ese
manera, acercarse a esa perfección. Me parece una manera muy sincera
de abordar el tema, y a su vez, muy hábil, muy sofisticada. El inacabado
voluntario del "Teatro Maravillas", puede que tenga también algo
que ver con estas cosas...
G.P: En este sentido de orden no cumplido, podemos ver el juego que
siempre has mantenido con los minimalistas, pues muy a menudo podemos intuir
una referencia a Carl Andre o Donald Judd en algunas de tus obras.
J.C: Los minimalistas me interesan sobretodo porque han trabajado sobre
cierta idea de lo utópico óparadójicamente si quieresó
desde la geometría, el lugar o desde el objeto perfectamente acabado
en si mismo. Nada me parece mas angustioso que un Sol LeWitt de maderitas
que empiezan a separarse y a resquebrajarse. Siempre me ha llamado la atención
las obras que mantienen cierta arrogancia en su construcción, que
quieren ignorar la idea de su posible imperfección y con ello acaban
por contradecir sus planteamientos. En el Museo arqueológico de
Atenas, que es por otra parte un sitio impresionante, a todos los ideales
clásicos o les falta un brazo o se han roto la nariz, y eso a mi
me llama particularmente la atención. Siguiendo con ese ejemplo
clásico, sería como construir un "Kourós" en el que
cabe la posibilidad de que se le rompa la nariz.
G.P: Antes hablabas de tu evolución en cuanto a tu manera de
trabajar, es decir, pasar de una fase más intuitiva a una etapa
más reflexiva en la que prevalece el proceso por encima de la realización.
Estos procesos se pueden construir de maneras muy distintas. ¿Cómo
los abordas tu en un momento como el actual en el que te ocupas más
de la reflexión que de la construcción de obras?
J.C: El librito "Nueva Geografía Dorada, (para chicos y chicas)"
que presenté hace casi un año supuso un punto de inflexión.
Puede que un punto de llegada o de partida. En mi trabajo ha habido otra
obsesión: El método de la enciclopedia, abarcar una mirada
en gran angular, como una cascada de imágenes, que en esta obra
tomó la forma de una Geografía imposible de objetos artificiales.
La realización de este libro supuso una toma de decisiones muy limpias,
pues la única intervención manual consistió en modelar
el objeto fundido en plomo que lo acompañaba. Eso supone contraponer
de una parte la ligereza de las imágenes impresas con el peso del
objeto en plomo, así como la manualidad con la frialdad de esa imagen.
Ese contraponer podría describir también mi forma de trabajar,
es decir, hacer convivir opuestos, quizás, el viejo intento del
que hablaba Foix, de acordar "raó i follía" (razón
y locura).
G.P:¿ Este planteamiento podría ser extrapolable al proyecto
público que estás preparando en Lleida?
J.C: El proyecto no está aún del todo definido, pero creo
que se encaminará hacia la construcción a escala real de
una "casa de vacaciones", de las que antes hablé. Ahora mismo estoy
recopilando imágenes de diversas idealizaciones, entre ellas, las
de la arquitectura moderna, las de la infancia, y las de una utopía
casera como la del "Noucentisme". En ésta última la imagen
estilizada de un Mediterráneo ordenado, civilizado y un poco fifi,
contrasta con la realidad de la que disponemos, pero creo que tiene cierta
importancia en la definición de una imagen ideal grabada en nuestro
inconsciente colectivo. De esos elementos dispares con los que trabajo,
confío en que aparezca una unidad.Veremos en que queda todo esto. |