Escuela de Velocidad (el Czerny)
En 1978 encontré un artículo en el Scientific American
Magazine escrito por el historiador de la ciencia y especialista en
Galileo, Stillman Drake, en donde se defendía la teoría de
que el descubrimiento de la Ley de Caída Libre por Galileo se produjo
por deducción a partir de (y no meramente comprobada por) la observación
directa-empírica de una bola rodando cuesta abajo por una rampa,
y que la técnica experimental de Galileo se apoyaba, o incluso estaba
guiada, en un conocimiento profundo de la música heredado de su
padre Vincenzo Galilei, compositor y musicólogo.
El problema, según Drake, consistía en ecualizar pequeños
intervalos de tiempo (no se disponía de aparatos de medida que pudieran
hacerlo) y para resolverlo Galileo recurrió a su propio sentido
interno del tiempo y del ritmo, sentido que, como hijo de un músico
consumado y él mismo virtuoso del laúd, tenía muy
desarrollado. Drake describe así una reconstrucción del experimento
de Galileo:
"Situar un plano inclinado acanalado de unos
6.5 pies, formando un ángulo de 1,7 grados aproximadamente. Fijar
un tope en el extremo mas elevado, contra el que poder sujetar una bola
de acero, ejerciendo una ligera presión con el dedo sobre ella.
A continuación entónese una marcha sencilla cómo "Adelante
Soldados Cristianos" aplicando un tempo de unas dos notas por segundo,
de forma vigorosa. Una vez establecido el tempo, liberar la bola coincidiendo
con alguna nota y marcar con tiza la posición de ésta para
las otras notas (a intervalos de medio segundo). En tres o cuatro intentos
pueden marcarse ocho posiciones. Poner una goma elástica alrededor
del plano en cada marca. (Galileo habría atado cuerdas [de laúd
] en esos sitios, a la manera en que se ataban los trastes ajustables en
el mástil del laúd, pero hoy día es mas cómodo
utilizar gomas elásticas, mas fáciles de emplazar y ajustar).
Ejecutando el experimento repetidas veces, ajústense las gomas de
manera que el sonido producido por la bola al pasar por encima coincida
siempre exactamente con una nota de la marcha. Cuando el plano inclinado
ha llegado ha convertirse en una especie de metrónomo, mídanse
las distancias en milímetros desde la posición de reposo
de la bola hasta cada una de las marcas de goma."
Las razones de las posiciones sucesivas tomadas desde el punto de reposo
equivaldrán a los cuadrados de los tiempos marcados: 1, 4, 9, 16,
25, 36, 49* de donde puede deducirse la Ley
de Caída Libre. Drake continua, observando cómo Galileo podría
haber estado influido mas directamente por su padre, el cual había
utilizado la experimentación empírica para demostrar que
los pesos impuestos a cuerdas semejantes de igual longitud sonando con
un intervalo musical dado son idénticos al inverso de los cuadrados
de las longitudes de las cuerdas sonando en ese mismo intervalo bajo cargas
iguales. "La música por tanto, observa Drake, parece jugar un doble
papel en los comienzos de la ciencia experimental ya que tanto el tono
como el tiempo tuvieron su importancia."
El relato de Drake acerca de los experimentos de Galileo y su padre
y el brillo del llamado Pasillo Nor-Oeste entre arte y certeza científica
que el relato proveía, me inspiraron para abordar, en consecuencia,
una serie de proyectos musicales basados en la ley de caída libre
-pero todos mis esfuerzos fracasaron.
De todos modos, durante una exploración rutinaria en una tienda
de discos en Vancouver encontré de manera fortuita una copia de
la "Escuela de Velocidad" de Carl Czerny, una colección de ejercicios
para piano cuyo sólo título iluminó mi camino.
Como alumno de Bethoven y profesor de Liszt, Czerny desempeña
un papel importante en la transmisión histórica de la técnica
pianística del romanticismo, de virtuosismo creciente. En última
instancia el objetivo de la Escuela de Czerny no es otro que la
pura aceleración, en términos pianísticos, dado
que al acabar los ejercicios es presumible que el virtuoso será
capaz de tocar mas deprisa que al principio.
Mi propia composición, acabada por fin en 1992, ocupa ,expande,
y produce una dilación de la Escuela de Velocidad de Czerny
cuyo título he tomado como propio siguiendo la misma lógica.
Mi método compositivo fue el siguiente:
Tomando las primeras 1.116 notas (correspondientes a los tres primeros
ejercicios de Czerny y parte del cuarto) situé tales notas en la
posición de sus cuadrados siguiendo la Ley de Galileo. Esto es,
mientras que el primer tiempo señalado (el qué se asigna
a la primera nota) en la Escuela de Czerny es el primer tiempo en
mi Escuela, el segundo tiempo señalado por Czerny pasa a
ser el cuarto de mi trabajo, el tercero en el original se transforma en
el noveno y así hasta alcanzar la nota 1.116 de Czerny que se corresponde
al tiempo 1.245.456 de mi muy expandido trabajo. Los espacios musicales
que se crean en mi composición se llenan con silencios -de hecho
mi Escuela no consiste en otra cosa que en la interpolación
sistemática de silencios siguiendo la ley de Galileo. (Anteriormente
en Parsifal 1882 -38.969.364.735 utilicé el mismo principio
de silencios interpolados para crear la estructura de "primos asincrónicos"
por la que la duración de la ópera original de Wagner resultaba
enormemente expandida).
Limité mi trabajo a las 1.116 primeras notas de Czerny porque
la interpretación de éstas de acuerdo con mi sistema dura
exactamente 86.400 segundos -un día solar de 24 horas- si se hace
a M. M. = 864.9, una pequeña modificación del tempo original
indicado por Czerny.
Como ejercicio de velocidad diario mi Escuela, que comienza a
las nueve de la mañana, está pensada para ser interpretada
por un músico en vivo o por un autómata musical en un ciclo
diurno perpetuo cuyo período es idéntico al de la rotación
diaria de la tierra en relación al sol. Esta escala cósmica
no es arbitraria -de alguna forma estaba ya indicada en la calibración
del Metrónomo de Maelzel (al cual se refieren las indicaciones del
tempo original de Czerny) que calcula el tiempo en segundos solares, fracciones
precisas del día solar medio.
Mi versión de Escuela de Velocidad puede ser contemplada
como una demostración musical de la Ley de Galileo, de acuerdo con
la cual cada sonido es análogo a cada una de las posiciones en el
descenso, ocupadas por un pianista interpretando los ejercicios originales
de Czerny durante la caída libre. O puede entenderse como antítesis
de la Ley ya que efectivamente introduce una deceleración
uniforme (un silencio creciente) en la interpretación original,
siendo tal deceleración inversamente proporcional a la Ley de Galileo.
Por supuesto queda claro que sólo podemos hablar del efecto
de deceleración siempre que la obra sea interpretada gobernada por
un tempo estricto. El único tiempo posible es el que proporciona
un mecanismo de relojería - el del Metrónomo de Maelzel.
Si el tiempo puede ser expandido haciéndolo mas lento, esto sólo
es posible mediante la interpolación de silencios. Ralentizarlo
de esa manera es sólo una cuestión de distribuir, de acuerdo
con un determinado principio numérico, un número discreto
de silencios, cada uno de los cuales puede pensarse que contienen una porción
del silencio absoluto, "un resto marchito de la «promesse de bonheur»"
(R. Linsley) y el anticipo de un tiempo en el que el virtuoso no será
ya solicitado.
La Escuela de Velocidad ha sido secuenciada por Gary Bourgeois
para ser interpretada indefinidamente en un Yamaha Disklavier. La partitura
completa de la obra anotada en papel pautado convencional se muestra en
1443 páginas enmarcadas individualmente. Cada página contiene
aproximadamente un minuto de música. Los compases en que aparecen
las notas originales de Czerny han sido destacados en rojo). Una segunda
versión de la obra recoge las páginas en 24 volúmenes
de una hora de música cada uno.
Parsifal
Todos los trabajos agrupados bajo la denominación "Parsifal"
tienen su origen anecdótico en un incidente sucedido a Richard Wagner.
La historia que se relata a continuación está relacionada
con un fragmento musical añadido por Engelbert Humperdinck a la
ópera de Wagner, "Parsifal".
En 1882, durante los ensayos para la primera representación de
Parsifal en Bayreuth, Wagner se encontró con ciertas dificultades
técnicas concernientes a la sincronización entre la música
y la escenografía durante la llamada "Escena de la transformación"
en el primer acto de la ópera. En esta escena, Parsifal asciende
la pendiente rocosa camino de Monsalvat y el Templo del Santo Gríal,
con el acompañamiento de un pasaje orquestal de cuatro minutos.
El problema afectaba a los "telones móviles" que estaban formados
por cuatro grandes lienzos decorados con vistas paisajísticas, los
cuales, arrastrados de un lado a otro de la escena mediante unos tornos,
habían de crear la ilusión del viaje de Parsifal a través
de un paisaje cambiante. Pero sucedió que los telones eran demasiado
largos y la música muy corta -ésta última concluía
invariablemente antes de que Parsifal alcanzase el Templo del Santo Gríal.
Cuando el escenógrafo solicitó de Wagner mas música,
éste se negó, replicando, según se dice, -"¡Yo
no compongo música por metros!". Afortunadamente el compositor Engelbert
Humperdinck, asistente de Wagner, escribió algunos compases adicionales,
que (para sorpresa del propio Humperdinck) el maestro aceptó. Anotado
precipitadamente en la partitura orquestal, el pasaje interpolado sirvió
para coordinar escena y orquesta durante las primeras representaciones
del festival. Mas adelante, una vez acortados los telones y reajustada
la maquinaria escénica, la contribución de Humperdinck resultaría
innecesaria y por tanto fue eliminada de la partitura.
En 1987, como parte de la investigación previa a un proyecto
específico para una exposición en el Palacio de la Opera
de La Monnaie en Bruselas, comencé a buscar la música adicional
de Humperdinck para Parsifal; inesperadamente pude obtener una copia gracias
a Serge Dorny de La Monnaie quien había seguido la pista del manuscrito
hasta una biblioteca de Munich. Ambos examinamos el manuscrito (una única
hoja de 26,5 por 35 cms. con el encabezamiento Ergänzungstück
zu Nº 90 der Partitur que contenía un total de nueve compases
de música -4 recto, 5 verso): para nuestro interés descubrimos
que Humperdinck no había escrito, en realidad, nueva música
sino que apenas había manipulado algunos compases en el pasaje nº
90 de la partitura original, de manera que la música de Wagner se
plegara sobre sí misma volviendo a entrar en un punto anterior -precisamente
al comienzo del pasaje nº 87. En otras palabras, al añadir
nueve compases a los veinticuatro del original, Humperdinck había
formado, en su Suplemento al nº 90, un bucle de 33 compases
que podía ser interpretado tantas veces como fuera necesario para
sincronizarse con la llegada de Parsifal al Templo del Santo Gríal.
Mi Parsifal es una pieza musical concebida como suplemento a
gran escala al suplemento de Humperdinck, mediante la introducción
de un sistema de epiciclos dentro de su bucle. Mi método consistió
en crear una serie de bucles musicales de extensión inconmensurable
utilizando los catorce números primos que van de 3 a 47. Comencé
por añadir un total de cuarenta compases compuestos de silencios
a los siete compases que inician el pasaje nº 89 de Wagner para producir
un nuevo pasaje expandido de 47 compases. A partir de ahí trabajé
de arriba abajo la partitura asignando compases, según los valores
de los números primos en orden ascendente de 3 a 47, a las catorce
voces instrumentales de la orquesta. Por tanto, las flautas repetirían
los tres primeros compases del pasaje de 47, mientras el segundo oboe debía
repetir cinco compases y el primer oboe siete. El alto oboe repetiría
once ( los siete compases originales mas cuatro de silencios) mientras
que las trompas primera y segunda repetirían los trece primeros
compases ( siete de sonido mas seis de silencios) y así en adelante.
Dado que los números primos son divisibles sólo por sí
mismos y por la unidad, es fácil deducir que estos bucles asincrónicos
sólo entrarían en fase al cabo de muchos compases. Ciertamente
el total de la orquesta no se reuniría sino una vez transcurridos
307.444.891.294.246.706 compases (47 x 43 x 41 x 37 x 31 x 29 x 23 x 19
x 17 x 13 x 11 x 7 x 5 x 3). Es mas, dado que sucede en un tiempo común
y dado que le he asignado un tempo lento de un cuarto de nota por segundo,
la obra se despliega a lo largo de un período de 1.229.779.565.176.982.820
segundos -unos 39 billones de años.
El sistema de mi Parsifal se desarrolla dentro del Suplemento
al nº 90 de Humperdinck. El nº 90 era alcanzado por la Orquesta
del Festival de Bayreuth alrededor de las cinco en punto de la tarde del
veintiséis de julio de 1882. En ese momento la orquesta comenzó
a interpretar el bucle de Humperdinck-Wagner.
Poco después el movimiento nº 89 dentro del bucle Humperdinck-Wagner
era alcanzado. Aquí, en algún universo posible, la orquesta
entraría en mi suplemento el cual interpretaría, interpreta
y continuará interpretando hasta que todos los instrumentos vuelvan
a sincronizarse, momento en que mi Parsifal se incorporará
al suplemento de Humperdinck en el nº 89, para volver a entrar finalmente
en la ópera original de Wagner en el nº 90.
La Orquesta del Festival de Bayreuth alcanzará el nº 89
en un futuro remoto. He aceptado las siete y media de la tarde del lunes
dieciocho de junio del 3.969.364.753 D.C. como el momento de este suceso,
tal como ha sido calculado por Chris Blake, del Departamento de Geofísica
y Astronomía de la Universidad de British Columbia. De todos modos
éste realizó sus cálculos en base a los algoritmos
de un calendario perpetuo que no considera ciertas posibles perturbaciones
del tiempo
Las relaciones de fase de las partes instrumentales para la instalación
de la pieza en tiempo real y para los extractos destacados en la grabación
en disco compacto fueron calculadas por Gary Bourgeois y Daniel Congdon
en base a un año equinocial de 365 días, 5 horas, 48 minutos
y 46 segundos.
Traducción: Mar Núñez |